
En Ciudad de México, dos organizaciones lanzaron una campaña que usa un símbolo muy mexicano para hablar de un tema duro. Se trata de “Rosca por la Libertad”, una iniciativa de Las Panas y Artículo 19. La idea es aprovechar la convivencia del 5 y 6 de enero para abrir conversación sobre violencia contra las mujeres y libertad de expresión. Las impulsoras explican que en estas fechas, cuando se “celebra”, también se pueden nombrar violencias que suelen ocultarse. El mensaje es directo: si se pone en la mesa el pan, también se puede poner en la mesa la verdad.
La campaña parte de un punto sensible: hay temporadas del año en las que aumentan tensiones en casa y el riesgo de agresiones. Artículo 19 advierte que factores como consumo de alcohol y presión de “convivir en armonía” pueden invisibilizar la violencia. En paralelo, la organización documentó 639 agresiones contra la prensa en 2024, y reportó que una de cada tres fue contra mujeres periodistas. El enfoque no es solo denuncia, también busca que más personas reconozcan señales y hablen a tiempo. Por eso eligieron un recurso cotidiano, algo que llega a hogares sin pedir permiso.
Las Panas elabora las roscas con mujeres que atraviesan situaciones de violencia y que participan en procesos de acompañamiento comunitario. La organización combina capacitación en panadería artesanal con apoyo psicológico individual y colectivo. Su directora explicó que amasar, esperar el horno y compartir el pan se parece a un proceso de reconstrucción, paso a paso y con otras personas cerca. También recordó que muchas violencias se normalizan y se vuelven “parte de lo diario”, por eso cuesta reconocerlas. En el mismo contexto se citan datos oficiales: más del 70% de mujeres mayores de 15 años ha vivido al menos un tipo de violencia. El diseño de la rosca también tiene mensaje, no es adorno. La masa simboliza la libertad de expresión, las frutas representan voces de periodistas y activistas, y las semillas aluden a violencias que suelen esconderse y “aparecen” al partir el pan. La rosca es redonda, no ovalada, para subrayar comunidad y horizontalidad, según la explicación del proyecto. En lugar de ate e higos, usa cítricos como naranja y guayaba, y cambia los muñecos de plástico por nueces de macadamia para reducir residuos. La apuesta es simple: convertir una tradición en una conversación que no se posponga.
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Fuente: EFE










