
Distintos estudios recientes coinciden en que México verá un incremento fuerte en la demanda de energía por la instalación de al menos 70 nuevos centros de datos hacia el final de la década, muchos de ellos ligados a inteligencia artificial y servicios en la nube. Empresas y analistas explican que este tipo de infraestructura se mide cada vez más por megawatts instalados y no solo por metros cuadrados, lo que presiona a la red de transmisión y a la capacidad de generación del país.
Aunque la Comisión Federal de Electricidad ha anunciado planes de inversión por miles de millones de dólares para modernizar líneas y subestaciones, voces del sector advierten que estos recursos podrían no ser suficientes para cubrir al mismo tiempo la demanda industrial, la electromovilidad y los centros de datos. En ese escenario, algunas compañías han empezado a considerar plantas propias y acuerdos privados, lo que abre discusiones sobre quién paga el refuerzo de la red común y bajo qué reglas.
Desde una perspectiva de soberanía energética y cuidado del medio ambiente, las decisiones que se tomen hoy marcarán el rumbo de los próximos años. Si se privilegia solo la rapidez y los acuerdos opacos, las comunidades podrían quedarse con el impacto ambiental y sin beneficios claros. En cambio, exigir que nuevos centros de datos operen con energías renovables verificables, uso responsable del agua y transparencia en los contratos permitiría que la economía digital se construya también sobre justicia climática y no solo sobre consumo eléctrico.
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Fuente: DPL News, Milenio, El Financiero










