Irapuato, Gto.- Una vez más, el desarrollo comercial Plaza Gran Aria se convierte en un punto crítico de encharcamientos e inundaciones sobre la calle Chapala, vía de paso para decenas de familias. A pesar de los compromisos asumidos desde su construcción, la empresa sigue sin conectar correctamente su sistema pluvial a la red de drenaje municipal, provocando afectaciones constantes a la movilidad y el patrimonio de los habitantes.
Durante esta temporada de lluvias, vecinos han documentado cómo la plaza expulsa agua desde su colector, generando acumulaciones en una zona ya desgastada por la falta de mantenimiento. El problema no es nuevo: en julio de 2024 se reportó un tiradero de aguas negras desde una alcantarilla trasera, hecho que llevó a la entonces administración de JAPAMI a multar a la plaza y cancelar su servicio por operar sin los permisos adecuados.
La situación persiste.

Actualmente, el organismo operador señala que la infraestructura interna de la plaza se satura fácilmente, lo que deriva en escurrimientos hacia la calle Chapala. Sin embargo, esta saturación ocurre porque la plaza no ha cumplido con la construcción de un colector de desahogo, obra que debía ser realizada por la empresa como parte de sus compromisos. Según JAPAMI, el retraso se debe a la falta de liberación del derecho de vía.
Mientras tanto, las consecuencias son visibles: vehículos varados, peatones atrapados y vialidades deterioradas. Colonias como Urbi Villas, Floresta, CFE y otras cercanas a la zona padecen diariamente las afectaciones por una obra privada que no ha sido supervisada con firmeza.
La propia alcaldesa, Lorena Alfaro García, reconoció el incumplimiento por parte de los desarrolladores y dijo que se revisará el tema junto a JAPAMI. No obstante, hasta el momento no hay fecha para resolver el problema de raíz, y solo se han planteado soluciones temporales como el envío del equipo «Tormenta» cuando los vecinos hacen reportes al 073.
Los antecedentes
En enero de 2024, la plaza ya había sido señalada por una fuga de aguas negras en su zona trasera, generando malos olores y molestias vecinales. Hoy, a más de medio año, el problema no solo persiste, sino que se agrava con cada lluvia.
Mientras la empresa argumenta que el desborde es producto de lluvias extraordinarias, la ciudadanía exige una cosa clara: que cumplan con sus compromisos y dejen de dañar la ciudad.










